*Carlos Monsiváis lo llamó el “maestro del color” por la mezcla de tonos que usa en sus obras que van de México, donde se formó profesionalmente, hasta Bolivia, su país natal; Puebla es su segunda casa, donde va cumpliendo sus sueños
Guadalupe Juárez
Puebla, Pue.- Cuando iba a la primaria, en una escuela de monjas, un dibujo de un lobo feroz y los tres cochinitos le valió el reconocimiento, el único premio que asegura haber ganado.
José Bayro ha pintado durante toda su vida y el arte es parte de cada etapa de su vida, tan es así que ni siquiera recuerda la primera vez que dibujó, pero sí cuando ganó un premio gracias a las monjas.
Todos sabían que dibujaba, hasta un maestro de química lo retó a retratar un desnudo en el pizarrón; aventado como es, aceptó y ocupó todo el espacio para hacerlo, hasta arrancar las risas del profesor.
“Le dibujé una desnuda del tamaño de como de tres metros en la pizarra y el hombre se mataba de la risa y mis compañeros se acuerdan de eso. Entonces toda la vida he pintado”, relata.
Su historia comienza en Bolivia, donde nació. Tiene 63 años de edad y más de la mitad de su vida la ha pasado en Puebla, ciudad que -dice- le recuerda a su natal Cochabamba.
En su familia el arte corre en sus venas porque son tres hermanos artistas, uno de ellos un pintor destacado en Bolivia y otro en París, más una sobrina que estudia el doctorado de Arte en España.
En México su nombre es reconocido. Carlos Monsiváis lo llamó el “maestro del color” por la mezcla de colores entre México –donde se formó profesionalmente- y su país natal, Bolivia.
Aquí, en Puebla, ha cumplido sus sueños, uno de ellos adaptar su estudio, contrario a los que ha conocido en Europa: un lugar amplio, con un “baño decente”, oficina, mucha luz y ventilación. Un lujo que no cualquiera se puede dar, acepta con una sonrisa de satisfacción.
La casa adaptada como estudio la comparte con Robert Smith, un artista plástico estadounidense, donde en que cada rincón hay una pieza de alguno de los dos. Mientras habla su gato lo busca desesperadamente para captar su atención, y lo logra, porque deja de maullar cuando Bayro lo carga y lo acaricia.
Aparte de su estudio, Bayro tiene un sueño más hecho realidad en Puebla, una de sus obras más icónicas: el hombre azul, una escultura que se encuentra en Paseo de San Francisco. Para su creador es un hombre normal, un artesano, un emigrante como él. Una escultura para el mundo.
Bayro es un artista plástico con diversas técnicas, cerámica, grabado, serigrafía, escultura y posproducción de imagen. Rodeado de pinceles, pinturas y bocetos, posa para las cámaras al lado de sus decenas de obras colgadas sobre la pared de su espacio más íntimo.




